domingo, 22 de marzo de 2015

"La última pregunta" de Isaac Asimov.


La última pregunta se formuló por primera vez, medio en broma, el 21 de mayo de 2061, en momentos en que la humanidad (también por primera vez) se bañó en luz. La pregunta llegó como resultado de una apuesta por cinco dólares hecha entre dos hombres que bebían cerveza, y sucedió de esta manera:
Alexander Adell y Bertram Lupov eran dos de los fieles asistentes de Multivac. Dentro de las dimensiones de lo humano sabían qué era lo que pasaba detrás del rostro frío, parpadeante e intermitentemente luminoso —kilómetros y kilómetros de rostro- de la gigantesca computadora. Al menos tenían una vaga noción del plan general de circuitos y retransmisores que desde hacía mucho tiempo habían superado toda posibilidad de ser dominados por una sola persona.
Multivac se autoajustaba y autocorregía. Así tenía que ser, porque nada que fuera humano podía ajustarla y corregirla con la rapidez suficiente o siquiera con la eficacia suficiente. De manera que Adell y Lupov atendían al monstruoso gigante sólo en forma ligera y superficial, pero lo hacían tan bien como podría hacerlo cualquier otro hombre. La alimentaban con información, adaptaban las preguntas a sus necesidades y traducían las respuestas que aparecían. Por cierto, ellos, y todos los demás asistentes tenían pleno derecho a compartir la gloria de Multivac.
Durante décadas, Multivac ayudó a diseñar naves y a trazar las trayectorias que permitieron al hombre llegar a la Luna, a Marte y a Venus, pero después de eso, los pobres recursos de la Tierra ya no pudieron serles de utilidad a las naves. Se necesitaba demasiada energía para los viajes largos y pese a que la Tierra explotaba su carbón y uranio con creciente eficacia, había una cantidad limitada de ambos.
Pero lentamente, Multivac aprendió lo suficiente como para responder a las preguntas más complejas en forma más profunda, y el 14 de mayo de 2061 lo que hasta ese momento era teoría se convirtió en realidad.
La energía del Sol fue almacenada, modificada y utilizada directamente en todo el planeta. Cesó en todas partes el hábito de quemar carbón y fisionar uranio y toda la Tierra se conectó con una pequeña estación —de un kilómetro y medio de diámetro- que circundaba el planeta a mitad de distancia de la Luna, para funcionar con rayos invisibles de energía solar.
Siete días no habían alcanzado para empañar la gloria del acontecimiento, y Adell y Lupov finalmente lograron escapar de la celebración pública, para refugiarse donde nadie pensaría en buscarlos: en las desiertas cámaras subterráneas, donde se veían partes del poderoso cuerpo enterrado de Multivac. Sin asistentes, ociosa, clasificando datos con clicks satisfechos y perezosos, Multivac también se había ganado sus vacaciones y los asistentes la respetaban y originalmente no tenían intención de perturbarla.
Se habían llevado una botella y su única preocupación en ese momento era relajarse y disfrutar de la bebida.
— Es asombroso, cuando uno lo piensa- dijo Adell. En su rostro ancho se veían huellas de cansancio, y removió lentamente la bebida con una varilla de vidrio, observando el movimiento de los cubos de hielo en su interior. — Toda la energía que podremos usar de ahora en adelante, gratis. Suficiente energía, si quisiéramos emplearla, como para derretir a toda la Tierra y convertirla en una enorme gota de hierro líquido impuro, y no echar de menos la energía empleada. Toda la energía que podremos usar por siempre y siempre y siempre.
Lupov ladeó la cabeza. Tenía el hábito de hacerlo cuando quería oponerse a lo que oía, y en ese momento quería oponerse; en parte porque había tenido que llevar el hielo y los vasos.
— No para siempre – dijo.
— Ah, vamos, prácticamente para siempre. Hasta que el Sol se apague, Bert.
— Entonces no es para siempre.
— Muy bien, entonces. Durante miles de millones de años. Veinte mil millones, tal vez. ¿Estás satisfecho?
Lupov se pasó los dedos por los escasos cabellos como para asegurarse que todavía le quedaban algunos y tomó un pequeño sorbo de su bebida.
— Veinte mil millones de años no es «para siempre».
— Bien, pero superará nuestra época, ¿verdad?
— También la superarán el carbón y el uranio.
— De acuerdo, pero ahora podemos conectar cada nave espacial individualmente con la Estación Solar, y hacer que vaya y regrese de Plutón un millón de veces sin que tengamos que preocuparnos por el combustible. No puedes hacer eso con carbón y uranio. Pregúntale a Multivac, si no me crees.
— No necesito preguntarle a Multivac. Lo sé.
— Entonces deja de quitarle méritos a lo que Multivac ha hecho por nosotros – dijo Adell, malhumorado — Se portó muy bien.
— ¿Quién dice que no? Lo que yo sostengo es que el Sol no durará eternamente. Eso es todo lo que digo. Estamos a salvo por veinte mil millones de años pero, ¿y luego?- Lupov apuntó con un dedo tembloroso al otro —Y no me digas que nos conectaremos con otro sol.
Durante un rato hubo silencio. Adell se llevaba la copa a los labios sólo de vez en cuando, y los ojos de Lupov se cerraron lentamente. Descansaron.
De pronto Lupov abrió los ojos.
— Piensas que nos conectaremos con otro sol cuando el nuestro muera, ¿verdad?
— No estoy pensando nada.
— Seguro que estás pensando. Eres malo en lógica, ése es tu problema. Eres como ese tipo del cuento a quien lo sorprendió un chaparrón, corrió a refugiarse en un monte y se paró bajo un árbol. No se preocupaba porque pensaba que cuando un árbol estuviera totalmente mojado, simplemente iría a guarecerse bajo otro.
— Entiendo – dijo Adell, — no grites. Cuando el Sol muera, las otras estrellas habrán muerto también.
— Por supuesto – murmuró Lupov —. Todo comenzó con la explosión cósmica original, fuera lo que fuese, y todo terminará cuando todas las estrellas se extingan. Algunas se agotan antes que otras. Por Dios, las gigantes no durarán cien millones de años. El Sol durará veinte mil millones de años y tal vez las enanas durarán cien mil millones por mejores que sean. Pero en un trillón de años estaremos a oscuras. La entropía tiene que incrementarse al máximo, eso es todo.
— Sé todo lo que hay que saber sobre la entropía – dijo Adell, tocado en su amor propio.
— ¡Qué vas a saber!
— Sé tanto como tú.
— Entonces sabes que todo se extinguirá algún día.
— Muy bien. ¿Quién dice que no?
— Tú, grandísimo tonto. Dijiste que teníamos toda la energía que necesitábamos, para siempre. Dijiste «para siempre».
Esa vez le tocó a Adell oponerse.
— Tal vez podamos reconstruir las cosas algún día.
— Nunca.
— ¿Por qué no? Algún día.
— Nunca.
— Pregúntale a Multivac.
— Pregúntale tú a Multivac. Te desafío. Te apuesto cinco dólares a que no es posible.
Adell estaba lo suficientemente borracho como para intentarlo y lo suficientemente sobrio como para traducir los símbolos y operaciones necesarias para formular la pregunta que, en palabras, podría haber correspondido a esto: ¿Podrá la humanidad algún día, sin el gasto neto de energía, devolver al Sol toda su juventud aún después que haya muerto de viejo?
O tal vez podría reducirse a una pregunta más simple, como ésta: ¿Cómo puede disminuirse masivamente la cantidad neta de entropía del Universo?
Multivac enmudeció. Los lentos resplandores oscuros cesaron, los clicks distantes de los transmisores terminaron.
Entonces, mientras los asustados técnicos sentían que ya no podían contener más el aliento, el teletipo adjunto a la computadora cobró vida repentinamente. Aparecieron seis palabras impresas:
«DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
— No hay apuesta – murmuró Lupov. Salieron apresuradamente.
A la mañana siguiente, los dos, con dolor de cabeza y la boca pastosa, habían olvidado el incidente.

Jerrodd, Jerrodine y Jerrodette I y II observaban la imagen estrellada en la pantalla mientras completaban el pasaje por el hiperespacio en un lapso fuera de las dimensiones del tiempo. Inmediatamente, el uniforme polvo de estrellas dio paso al predominio de un único disco de mármol, brillante, centrado.
— Es X-23 – dijo Jerrodd con confianza. Sus manos delgadas se entrelazaron con fuerza detrás de su espalda y los nudillos se pusieron blancos.
Las pequeñas Jerrodettes, niñas ambas, habían experimentado el pasaje por el hiperespacio por primera vez en su vida. Contuvieron sus risas y se persiguieron locamente alrededor de la madre, gritando:
— Hemos llegado a X-23… hemos llegado a X-23… hemos llegado a X-23… hemos llegado…
— Tranquilas, niñas – dijo rápidamente Jerrodine — ¿Estás seguro, Jerrodd?
— ¿Qué puedo estar sino seguro? – preguntó Jerrodd, echando una mirada al tubo de metal justo debajo del techo, que ocupaba toda la longitud de la habitación y desaparecía a través de la pared en cada extremo. Tenía la misma longitud que la nave.
Jerrodd sabía poquísimo sobre el grueso tubo de metal excepto que se llamaba Microvac, que uno le hacía preguntas si lo deseaba; que aunque uno no se las hiciera de todas maneras cumplía con su tarea de conducir la nave hacia un destino prefijado, de abastecerla de energía desde alguna de las diversas estaciones de Energía Subgaláctica y de computar las ecuaciones para los saltos hiperespaciales.
Jerrodd y su familia no tenían otra cosa que hacer sino esperar y vivir en los cómodos sectores residenciales de la nave.
Cierta vez alguien le había dicho a Jerrodd, que el «ac» al final de «Microvac» quería decir «computadora análoga» en inglés antiguo, pero estaba a punto de olvidar incluso eso.
Los ojos de Jerrodine estaban húmedos cuando miró la pantalla.
— No puedo evitarlo. Me siento extraña al salir de la Tierra.
— ¿Por qué, caramba? – preguntó Jerrodd. — No teníamos nada allí. En X-23 tendremos todo. No estarás sola. No serás una pionera. Ya hay un millón de personas en ese planeta. Por Dios, nuestros bisnietos tendrán que buscar nuevos mundos porque llegará el día en que X-23 estará superpoblado. –  Luego agregó, después de una pausa reflexiva: — Te aseguro que es una suerte que las computadoras hayan desarrollado viajes interestelares, considerando el ritmo al que aumenta la raza.
— Lo sé, lo sé – respondió Jerrodine con tristeza.
Jerrodette I dijo de inmediato:
— Nuestra Microvac es la mejor Microvac del mundo.
— Eso creo yo también – repuso Jerrodd, desordenándole el pelo.
Era realmente una sensación muy agradable tener una Microvac propia y Jerrodd estaba contento de ser parte de su generación y no de otra. En la juventud de su padre las únicas computadoras eran unas enormes máquinas que ocupaban un espacio de ciento cincuenta kilómetros cuadrados. Sólo había una por planeta. Se llamaban ACs Planetarias.
Durante mil años habían crecido constantemente en tamaño y luego, de pronto, llegó el refinamiento. En lugar de transistores hubo válvulas moleculares, de manera que hasta la AC Planetaria más grande podía colocarse en una nave espacial y ocupar sólo la mitad del espacio disponible.
Jerrodd se sentía eufórico siempre que pensaba que su propia Microvac personal era muchísimo más compleja que la antigua y primitiva Multivac que por primera vez había domado al Sol, y casi tan complicada como la AC Planetaria de la Tierra (la más grande) que por primera vez resolvió el problema del viaje hiperespacial e hizo posibles los viajes a las estrellas.
— Tantas estrellas, tantos planetas – suspiró Jerrodine, inmersa en sus propios pensamientos. — Supongo que las familias seguirán emigrando siempre a nuevos planetas, tal como lo hacemos nosotros ahora.
— No siempre – respondió Jerrodd, con una sonrisa. — Todo esto terminará algún día, pero no antes que pasen billones de años. Muchos billones. Hasta las estrellas se extinguen, ¿sabes? Tendrá que aumentar la entropía.
— ¿Qué es la entropía, papá? – preguntó Jerrodette II con voz aguda.
— Entropía, querida, es sólo una palabra que significa la cantidad de desgaste del Universo. Todo se desgasta, como sabrás, por ejemplo tu pequeño robot walkie-talkie, ¿recuerdas?
— ¿No puedes ponerle una nueva unidad de energía, como a mi robot?
— Las estrellas son unidades de energía, querida. Una vez que se extinguen, ya no hay más unidades de energía.
Jerrodette I lanzó un chillido de inmediato.
— No las dejes, papá. No permitas que las estrellas se extingan.
— Mira lo que has hecho – susurró Jerrodine, exasperada.
— ¿Cómo podía saber que iba a asustarla? – respondió Jerrodd también en un susurro.
— Pregúntale a la Microvac gimió Jerrodette I. Pregúntale cómo volver a encender las estrellas.
— Vamos – dijo Jerrodine. — Con eso se tranquilizarán. -(Jerrodette II ya se estaba echando a llorar, también).
Jerrodd se encogió de hombros.
— Ya está bien, queridas. Le preguntaré a Microvac. No se preocupen, ella nos lo dirá.
Le preguntó a la Microvac, y agregó rápidamente:
— Imprimir la respuesta.
Jerrodd retiró la delgada cinta de celufilm y dijo alegremente:
— Miren, la Microvac dice que se ocupará de todo cuando llegue el momento, y que no se preocupen.
Jerrodine dijo:
— Y ahora, niñas, es hora de acostarse. Pronto estaremos en nuestro nuevo hogar. – Jerrodd leyó las palabras en el celufilm nuevamente antes de destruirlo:
«DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
Se encogió de hombros y miró la pantalla. El X-23 estaba cerca.
VJ-23X de Lameth miró las negras profundidades del mapa tridimensional en pequeña escala de la Galaxia y dijo:
— ¿No será una ridiculez que nos preocupe tanto la cuestión?
MQ-17J de Nicron sacudió la cabeza.
— Creo que no. Sabes que la Galaxia estará llena en cinco años con el actual ritmo de expansión.
Los dos parecían jóvenes de poco más de veinte años. Ambos eran altos y de formas perfectas.
— Sin embargo – dijo VJ-23X,  — me resisto a presentar un informe pesimista al Consejo Galáctico.
— Yo no pensaría en presentar ningún otro tipo de informe. Tenemos que inquietarlos un poco. No hay otro remedio.
VJ-23X suspiró.
— El espacio es infinito. Hay cien billones de galaxias disponibles.
— Cien billones no es infinito, y cada vez se hace menos infinito. ¡Piénsalo! Hace veinte mil años, la humanidad resolvió por primera vez el problema de utilizar energía estelar, y algunos siglos después se hicieron posibles los viajes interestelares. A la humanidad le llevó un millón de años llenar un pequeño mundo y luego sólo quince mil años llenar el resto de la Galaxia. Ahora la población se duplica cada diez años…
VJ-23X lo interrumpió.
— Eso debemos agradecérselo a la inmortalidad.
— Muy bien. La inmortalidad existe y debemos considerarla. Admito que esta inmortalidad tiene su lado complicado. La AC Galáctica nos ha solucionado muchos problemas, pero al resolver el problema de evitar la vejez y la muerte, anuló todas las otras cuestiones.
— Sin embargo no creo que desees abandonar la vida.
— En absoluto – saltó MQ-17J, y luego se suavizó de inmediato—. No todavía. No soy tan viejo. ¿Cuántos años tienes tú?
— Doscientos veintitrés. ¿Y tú?
— Yo todavía no tengo doscientos. Pero, volvamos a lo que decía. La población se duplica cada diez años. Una vez que se llene esta galaxia, habremos llenado otra en diez años. Diez años más y habremos llenado dos más. Otra década, cuatro más. En cien años, habremos llenado mil galaxias; en mil años, un millón de galaxias. En diez mil años, todo el Universo conocido. Y entonces, ¿qué?
VJ-23X dijo:
— Como problema paralelo, está el del transporte. Me pregunto cuántas unidades de energía solar se necesitarán para trasladar galaxias de individuos de una galaxia a la siguiente.
— Muy buena observación. La humanidad ya consume dos unidades de energía solar por año.
— La mayor parte de esta energía se desperdicia. Al fin y al cabo, sólo nuestra propia galaxia gasta mil unidades de energía solar por año, y nosotros solamente usamos dos de ellas.
— De acuerdo, pero aún con una eficiencia de un cien por ciento, sólo podemos postergar el final. Nuestras necesidades energéticas crecen en progresión geométrica, y a un ritmo mayor que nuestra población. Nos quedaremos sin energía todavía más rápido que sin galaxias. Muy buena observación. Muy, muy buena observación.
— Simplemente tendremos que construir nuevas estrellas con gas interestelar.
— ¿O con calor disipado? – preguntó MQ-17J, con tono sarcástico.
— Puede haber alguna forma de revertir la entropía. Tenemos que preguntárselo a la AC Galáctica.
VJ-23X no hablaba realmente en serio, pero MQ-17J sacó su interfaz AC del bolsillo y lo colocó sobre la mesa frente a él.
— No me faltan ganas dijo. Es algo que la raza humana tendrá que enfrentar algún día.
Miró sombríamente su pequeña interfaz AC. Era un objeto de apenas cinco centímetros cúbicos, nada en sí mismo, pero estaba conectado a través del hiperespacio con la gran AC Galáctica que servía a toda la humanidad y, a su vez, era parte integral suya.
MQ-17J hizo una pausa para preguntarse si algún día, en su vida inmortal, llegaría a ver la AC Galáctica. Era un pequeño mundo propio, una telaraña de rayos de energía que contenía la materia dentro de la cual las oleadas de los planos medios ocupaban el lugar de las antiguas y pesadas válvulas moleculares. Sin embargo, a pesar de esos funcionamientos subetéreos, se sabía que la AC Galáctica tenía mil diez metros de ancho.
Repentinamente, MQ-17J preguntó a su interfaz AC:
— ¿Es posible revertir la entropía?
VJ-23X, sobresaltado, dijo de inmediato:
— Ah, mira, realmente yo no quise decir que tenías que preguntar eso.
— ¿Por qué no?
— Los dos sabemos que la entropía no puede revertirse. No puedes volver a convertir el humo y las cenizas en un árbol.
— ¿Hay árboles en tu mundo? – preguntó MQ-17J.
El sonido de la AC Galáctica los sobresaltó y les hizo guardar silencio. Se oyó su voz fina y hermosa en la interfaz AC en el escritorio. Dijo:
«DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
VJ-23X dijo:
— ¡Ves!
Entonces los dos hombres volvieron a la pregunta del informe que tenían que hacer para el Consejo Galáctico.
La mente de Zee Prime abarcó la nueva galaxia con un leve interés en los incontables racimos de estrellas que la poblaban. Nunca había visto eso antes. ¿Alguna vez las vería todas?
Tantas estrellas, cada una con su carga de humanidad… una carga que era casi un peso muerto. Cada vez más, la verdadera esencia del hombre había que encontrarla allá afuera, en el espacio.
¡En las mentes, no en los cuerpos! Los cuerpos inmortales permanecían en los planetas, suspendidos sobre los eones. A veces despertaban a una actividad material pero eso era cada vez más raro. Pocos individuos nuevos nacían para unirse a la multitud increíblemente poderosa, pero, ¿qué importaba? Había poco lugar en el Universo para nuevos individuos.
Zee Prime despertó de su ensoñación al encontrarse con los sutiles manojos de otra mente.
— Soy Zee Prime. ¿Y tú?
— Soy Dee Sub Wun. ¿Tu galaxia?
— Sólo la llamamos Galaxia. ¿Y tú?
— Llamamos de la misma manera a la nuestra. Todos los hombres llaman Galaxia a su galaxia, y nada más. ¿Por qué será?
— Porque todas las galaxias son iguales.
— No todas. En una galaxia en particular debe de haberse originado la raza humana. Eso la hace diferente.
Zee Prime dijo:
— ¿En cuál?
— No sabría decirte. La AC Universal debe estar enterada.
— ¿Se lo preguntamos? De pronto tengo curiosidad por saberlo.
Las percepciones de Zee Prime se ampliaron hasta que las galaxias mismas se encogieron y se convirtieron en un polvo nuevo, más difuso, sobre un fondo mucho más grande. Tantos cientos de billones de galaxias, cada una con sus seres inmortales, todas llevando su carga de inteligencias, con mentes que vagaban libremente por el espacio. Y sin embargo una de ellas era única entre todas por ser la Galaxia original. Una de ellas tenía en su pasado vago y distante, un período en que había sido la única galaxia poblada por el hombre.
Zee Prime se consumía de curiosidad por ver esa galaxia y gritó:
— ¡AC Universal! ¿En qué galaxia se originó el hombre?
La AC Universal oyó, porque en todos los mundos tenía listos sus receptores, y cada receptor conducía por el hiperespacio a algún punto desconocido donde la AC Universal se mantenía independiente. Zee Prime sólo sabía de un hombre cuyos pensamientos habían penetrado a distancia sensible de la AC Universal, y sólo informó sobre un globo brillante, de sesenta centímetros de diámetro, difícil de ver.
— ¿Pero cómo puede ser todo eso la AC Universal? – había preguntado Zee Prime.
La mayor parte – fue la respuesta – está en el hiperespacio. No puedo imaginarme en qué forma está allí.
Nadie podía imaginarlo, porque hacía mucho que había pasado el día y eso Zee Prime lo sabía en que algún hombre tuvo parte en construir la AC Universal. Cada AC Universal diseñaba y construía a su sucesora. Cada una, durante su existencia de un millón de años o más, acumulaba la información necesaria como para construir una sucesora mejor, más intrincada, más capaz en la cual dejar sumergido y almacenado su propio acopio de información e individualidad.
La AC Universal interrumpió los pensamientos erráticos de Zee Prime, no con palabras, sino con directivas. La mentalidad de Zee Prime fue dirigida hacia un difuso mar de Galaxias donde una en particular se agrandaba hasta convertirse en estrellas.
Llegó un pensamiento, infinitamente distante, pero infinitamente claro.
«ÉSTA ES LA GALAXIA ORIGINAL DEL HOMBRE.»
Pero era igual, al fin y al cabo, igual que cualquier otra, y Zee Prime resopló de desilusión.
Dee Sub Wun, cuya mente había acompañado a Zee Prime, dijo de pronto:
— ¿Y una de estas estrellas es la estrella original del hombre?
La AC Universal respondió:
«LA ESTRELLA ORIGINAL DEL HOMBRE SE HA HECHO NOVA. ES UNA ENANA BLANCA.»
— ¿Los hombres que la habitaban murieron? – preguntó Zee Prime, sobresaltado y sin pensar.
La AC Universal respondió:
«COMO SUCEDE EN ESTOS CASOS UN NUEVO MUNDO PARA SUS CUERPOS FÍSICOS FUE CONSTRUIDO EN EL TIEMPO.»
— Sí, por supuesto – dijo Zee Prime, pero aún así lo invadió una sensación de pérdida. Su mente dejó de centrarse en la Galaxia original del hombre, y le permitió volver y perderse en pequeños puntos nebulosos. No quería volver a verla.
Dee Sub Wun dijo:
— ¿Qué sucede?
— Las estrellas están muriendo. La estrella original ha muerto.
— Todas deben morir. ¿Por qué no?
— Pero cuando toda la energía se haya agotado, nuestros cuerpos finalmente morirán, y tú y yo con ellos.
— Llevará billones de años.
— No quiero que suceda, ni siquiera dentro de billones de años. ¡AC Universal! ¿Cómo puede evitarse que las estrellas mueran?
Dee Sub Wun dijo, divertido:
— Estás preguntando cómo podría revertirse la dirección de la entropía.
Y la AC Universal respondió:
«TODAVÍA HAY DATOS INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
Los pensamientos de Zee Prime volaron a su propia galaxia. Dejó de pensar en Dee Sub Wun, cuyo cuerpo podría estar esperando en una galaxia a un trillón de años luz de distancia, o en la estrella siguiente a la de Zee Prime. No importaba.
Con aire desdichado, Zee Prime comenzó a recoger hidrógeno interestelar con el cual construir una pequeña estrella propia. Si las estrellas debían morir alguna vez, al menos podrían construirse algunas.



El Hombre, mentalmente, era uno solo, y estaba conformado por un trillón de trillones de cuerpos sin edad, cada uno en su lugar, cada uno descansando, tranquilo e incorruptible, cada uno cuidado por autómatas perfectos, igualmente incorruptibles, mientras las mentes de todos los cuerpos se fusionaban libremente entre sí, sin distinción.
El Hombre dijo:
— El Universo está muriendo.
El Hombre miró a su alrededor a las galaxias cada vez más oscuras. Las estrellas gigantes, muy gastadoras, se habían ido hace rato, habían vuelto a lo más oscuro de la oscuridad del pasado distante. Casi todas las estrellas eran enanas blancas, que finalmente se desvanecían.
Se habían creado nuevas estrellas con el polvo que había entre ellas, algunas por procesos naturales, otras por el Hombre mismo, y también se estaban apagando. Las enanas blancas aún podían chocar entre ellas, y de las poderosas fuerzas así liberadas se construirían nuevas estrellas, pero una sola estrella por cada mil estrellas enanas blancas destruidas, y también éstas llegarían a su fin.
El Hombre dijo:
— Cuidadosamente administrada y bajo la dirección de la AC Cósmica, la energía que todavía queda en todo el Universo, puede durar billones de años. Pero aún así eventualmente todo llegará a su fin. Por mejor que se la administre, por más que se la racione, la energía gastada desaparece y no puede ser repuesta. La entropía aumenta continuamente.
El Hombre dijo:
— ¿Es posible invertir la tendencia de la entropía? Preguntémosle a la AC Cósmica.
La AC los rodeó pero no en el espacio. Ni un solo fragmento de ella estaba en el espacio. Estaba en el hiperespacio y hecha de algo que no era materia ni energía. La pregunta sobre su tamaño y su naturaleza ya no tenía sentido comprensible para el Hombre.
— AC Cósmica – dijo el Hombre, — ¿cómo puede revertirse la entropía?
La AC Cósmica dijo:
«LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
El Hombre ordenó:
— Recoge datos adicionales.
La AC Cósmica dijo:
«LO HARÉ. HACE CIENTOS DE BILLONES DE AÑOS QUE LO HAGO. MIS PREDECESORES Y YO HEMOS ESCUCHADO MUCHAS VECES ESTA PREGUNTA. TODOS LOS DATOS QUE TENGO SIGUEN SIENDO INSUFICIENTES.»
— ¿Llegará el momento preguntó el Hombre en que los datos sean suficientes o el problema es insoluble en todas las circunstancias concebibles?
La AC Cósmica respondió:
«NINGÚN PROBLEMA ES INSOLUBLE EN TODAS LAS CIRCUNSTANCIAS CONCEBIBLES.»
El Hombre preguntó:
— ¿Cuándo tendrás suficientes datos como para responder a la pregunta?
La AC Cósmica respondió:
«LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
— ¿Seguirás trabajando en eso? – preguntó el Hombre.
La AC Cósmica respondió:
«SÍ.»
El Hombre dijo:
— Esperaremos.
Las estrellas y las galaxias murieron y se convirtieron en polvo, y el espacio se volvió negro después de tres trillones de años de desgaste.
Uno por uno, el Hombre se fusionó con la AC, cada cuerpo físico perdió su identidad mental en forma tal que no era una pérdida sino una ganancia.
La última mente del Hombre hizo una pausa antes de la fusión, contemplando un espacio que sólo incluía los vestigios de la última estrella oscura y nada aparte de esa materia increíblemente delgada, agitada al azar por los restos de un calor que se gastaba, asintóticamente, hasta llegar al cero absoluto.
El Hombre dijo:
—AC, ¿es éste el final? ¿Este caos no puede ser revertido al Universo una vez más? ¿Esto no puede hacerse?
AC respondió:
«LOS DATOS SON TODAVÍA INSUFICIENTES PARA UNA RESPUESTA ESCLARECEDORA.»
La última mente del Hombre se fusionó y sólo AC existió en el hiperespacio.
La materia y la energía se agotaron y con ellas el espacio y el tiempo. Hasta AC existía solamente para la última pregunta que nunca había sido respondida desde la época en que dos técnicos en computación medio alcoholizados, tres trillones de años antes, formularon la pregunta en la computadora que era para AC mucho menos de lo que para un hombre el Hombre.
Todas las otras preguntas habían sido contestadas, y hasta que esa última pregunta fuera respondida también, AC no podría liberar su conciencia.
Todos los datos recogidos habían llegado al fin. No quedaba nada para recoger.
Pero toda la información reunida todavía tenía que ser completamente correlacionada y unida en todas sus posibles relaciones.
Se dedicó un intervalo sin tiempo a hacer esto.
Y sucedió que AC aprendió cómo revertir la dirección de la entropía.
Pero no había ningún Hombre a quien AC pudiera dar una respuesta a la última pregunta. No había materia. La respuesta por demostración se ocuparía de eso también.
Durante otro intervalo sin tiempo, AC pensó en la mejor forma de hacerlo.
Cuidadosamente, AC organizó el programa.
La conciencia de AC abarcó todo lo que alguna vez había sido un Universo y pensó en lo que en ese momento era el caos.
Paso a paso, había que hacerlo.
Y AC dijo:
«¡HÁGASE LA LUZ!»
Y la luz se hizo…


sábado, 21 de marzo de 2015

"En el café de la juventud perdida" de Patrick Modiano.

Citas de otros autores:

"Compagnons des mauvais jours, je vous souhaite une bonne nuit." de Jacques Prévert.
"I hear the Shadowy Horses, their long manes a-shake" de William Butler Yeats.
"Como todos los muertos que se olvidan
 en un montón de perros apagados"
de Federico García Lorca.
"De burgemeester heeft ons iets misdaan,
wij leerden, door zijn schuld, het leven haten."
  de Jan van Nijlen.
"Le ciel est comme la tente déchirée d´un cirque pauvre." de Blaise Cendrars.
"A mitad del camino de la verdadera vida, nos rodeaba una adusta melancolía, que expresaron tantas palabras burlones y tristes, en el café de la juventud perdida" de Guy Debord.

Libros señalados:

"Horizontes perdidos" de James Hilton.
"Los cantos de Maldoror" de Isidore Ducasse.
"Iluminaciones" de Arthur Rimbaud.
"Las barricadas misteriosas" de Francois Couperin.
"Louise de la Nada" de Gerard Pommier.
"Un guijarro en el cielo" de Isaac Asimov.
"Polizonte a Marte" de John Wyndham.
"Los cristales soñadores" de Theodore Stugeon.
"El hermoso verano" de Cesare Pavese.
"El álter ego" de Robert Stevenson.
"Nietzsche: filosofía del Eterno Retorno de lo mismo."

Modiano hacé incapié en el Eterno Retorno durante todo el relato.
Los libros recomendados para introducirse al tema son:

"Así habló Zaratustra" de Friedrich Nietzsche.
"La gaya ciencia" de Friedrich Nietzsche.
"Siddhartha" de Hermann Hesse.


Frases:

"Ahora que ha pasado el tiempo me pregunto si no era sólo su presencia la que hacía peculiares el local y a las personas que en él había, como si lo hubiera impregnado todo con su perfume."

"Busco en el diccionario "bohemio": Persona que lleva una vida de vagabundeo, sin normas ni preocupación por el mañana. He aquí una definición que les iba muy bien a las asiduas y a los asiduos de Le Condé."

"En Le Condé nunca nos hacíamos unos a otros preguntas acerca de nuestros orígenes. Éramos demasiado jóvenes, no teníamos pasado alguno que develar."

"Le Condé era para mí un refugio contra todo lo que preveía que traería la grisura de la vida. Habría una parte de mí mismo - la mejor - que algún día no me quedaría más remedio que dejar allí."

"Vivimos a merced de ciertos silencios."

"Hizo un esfuerzo, como si se arrojase al agua: - Uno intenta crearse vínculos, ya me entiende...
Sí, claro que lo entendía. En esa vida que, a veces, nos parece como un gran solar sin postes indicadores, en medio de todas las líneas de fuga y de los horizontes perdidos, nos gustaría dar con puntos de referencia, hacer algo así como un catastro para no tener ya esa impresión de navegar a la aventura. Y entonces creamos vínculos, intentamos que sean más estables los encuentros azarosos."

"Blémant me repetía siempre que a todos los individuos, incluso al más obsecado, les llega un momento en que "cantan de plano"."

"¿Dónde estaría ahora? ¿En un café, como yo, sentada sola a una mesa' Seguramente se me ocurría eso por la frase que había dicho él hacía un rato: "Uno intenta crear vínculos..." Encuentros en una calle, en una estación de metro en hora punta. En momentos de ésos habría que sujetarse mutuamente con unas esposas. ¿Qué vínculo podría resistir a esa oleada que nos arrastra y nos lleva a la deriva?"

"Me preguntaba si el dueño era consciente de mi presencia. Al cabo de unos días, sin dejar la lectura me decía una frase, siempre la misma: ¿Qué? ¿Encuentra algo que la haga feliz? Más adelante, alguien me afirmó con mucho aplomo que lo único que no se puede recordar es el timbre de las voces."

"Caminaba con esa sensación de liviandad que, a veces, sentimos en sueños. Ya no le tenemos miedo a nada, todos los peligros son irrisorios. Si las cosas se ponen feas de verdad, basta con despertarse. Somos invencibles. Caminaba, impaciente por llegar al final, allá donde no había más que el azul del cielo y el vacío. ¿Qué palabra podría expresar mi estado de ánimo? Sólo puedo recurrir a un vocabulario muy pobre. ¿Embriaguez?¿Éxtasis?¿Embeleso?"

"La concentración máxima se consigue tendido y con los ojos cerrados. Si se produce una mínima manifestación exterior, comienzan la dispersión y la difusión. A pie firme, las piernas restan parte de la fuerza. Los ojos abiertos merman la concentración."

"...aquel día, la cosa iba del "mediodía oscuro" y de la "luz verde". A la salida, anduvo al azar por el barrio. Flotaba en esa luz límpida y verde de la que hablaba Guy de Vere. Las cinco de la tarde."

"Todo va a volver a empezar, igual que era antes. Los mismos días, las mismas noches, los mismos lugares, los mismos encuentros. El eterno retorno."

"Las zonas neutras tienen, al menos esta ventaja: no son sino un punto de partida y, antes o después, nos vamos de ellas."

"Había dicho las palabras "orilla izquierda" como si el Sena fuera una línea de demarcación que separase dos ciudades ajenas entre sí, algo como un telón de acero."

"¿Somos realmente responsables de las comparsas que no hemos escogido y con los que se cruza nuestro camino cuando empezamos a vivir? ¿ Soy responsable, por ventura, de mi padre y de todas las sombras que hablaban con él en voz baja en los vestíbulos de los hoteles o en las salas traseras de los cafés y que llevaban maletas en las que nunca sabré que había?"

"Una noche, incluso, la hice entrar en ese café. No nos sentamos, nos quedamos junto a la barra, esperando a Mocellini a pie firme. Y a todas las demás sombras del pasado. Louki, si estaba conmigo, no le tenía miedo a nada. No hay mejor sistema para que se desvanezcan los fantasmas que mirarles a los ojos."

"La única meta de nuestro viaje era ir al corazón del verano, a ese sitio en que el tiempo se detiene y las agujas del reloj marcan para siempre la misma hora: mediodía."

"- ¿Recuerda aquella noche, en su casa, en que se fue la luz y usted nos hablaba en la oscuridad? - le pregunté.
 - No.
 - Voy a confesarle algo, Aquella noche casi me da un ataque de risa.
 - Debería haberse dejado ir y reírse - me dijo, con tono de reproche-. La risa es comunicativa. Nos habríamos reído todos en la oscuridad."

"-Por cierto...me acuerdo muchas veces de Louki...sigo sin entender por qué...
 Estaba conmovido. Él, que siempre hablaba sin titubear y con tanta claridad, andaba buscando las palabras.
 - Menuda tontería le estoy diciendo... no hay nada que entender... cuando de verdad queremos a una persona, hay que aceptar la parte de misterio que hay en ella... porque por eso es por lo que la queremos, ¿verdad, Roland?"

"Cuando llegábamos al final, entrábamos en una comarca en que estábamos al resguardo de todo. La semana pasada no pasé por allí de noche, sino a media tarde. No había vuelto desde que la recorríamos juntos o iba a reunirme contigo al hotel. Por un momento, tuve la ilusión de que, pasado el cementerio, te encontraría. Estaríamos en el Eterno Retorno. El mismo ademán de entonces para coger, en recepción, la llave de tu cuarto. La misma escalera empinada. La misma puerta blanca con su número: 11. La misma espera. Y, luego, los mismos labios, el mismo perfume, la misma melena que se suelta y cae en cascada."

"¿Con qué derecho entramos con fractura en la vida de las personas? ¡Y qué desfatachez la nuestra al mirarles en los riñones y en los corazones! ¡Y al pedirles cuentas! ¿A título de qué?"

"La noche en que nos fijamos en él por primera vez, se acercó a nuestra mesa y se nos quedó mirando a Louki y a mí. Luego sonrió y cuchicheó, inclinándose hacia nosotros: "Compagnons des mauvais jours, je vous souhaite une bonne nuit."
"Hemos llegado a la plaza, la Place de l´Église, ante la estación de metro. Y allí, puedo decirlo ahora que ya no tengo nada que perder, fue la única vez en mi vida que noté lo que era el Eterno Retorno. Hasta aquel momento, me esforzaba en leer obras sobre este tema, con la buena voluntad del autodidacta. fue inmediatamente antes de bajar las escaleras de la estación de metro Église-Auteuil. ¿Por qué en aquel sitio? No lo sé y da lo mismo. Me quedé un momento inmóvil y le apreté el brazo. Estábamos allí, juntos, en la misma plaza, desde toda la eternidad, y aquel paseo por Auteuil ya lo habíamos dado en miles y miles de vidas anteriores. No me hacía falta mirar el reloj. Sabía que era mediodía."

"A partir de ese momento, hubo un hueco en mi vida, un blanco, que no es que diera una sensación de vacío, sin más, sino que la vista no lo podía soportar. Toda aquella blancura me deslumbraba con una luz fuerte, que irradiaba. y así seguirá siendo hasta el final."




Fotografía: "Cafe de Flore" de Dennis Stock.




domingo, 15 de marzo de 2015

Frases: "Más allá del olvido" de Patrick Modiano.


"A la salida del hotel había guardado en el bolsillo de mi impermeable "A high wind in Jamaica".
Llevar conmigo una novela que me gustaba me daba cierta seguridad."

"No teníamos ningún mérito, salvo aquel que la juventud otorga por muy poco tiempo a cualquiera, como una vaga promesa que jamás será cumplida."

"Ya no sentíamos el calor agobiante que desde hacía unos días aplastaba Lóndres, esa ciudad en la que bastaba doblar una esquina para desembocar en una selva."

"A mi regreso de Chepstow Villas escribía tendido sobre la cama. Luego apagaba la luz y esperaba en la oscuridad.
Ella llegaba a eso de las tres de la madrugada, siempre sola. Desde hacía algún tiempo, Linda había desaparecido nuevamente.
Habría la puerta con cuidado. Yo simulaba dormir.
Y después, al cabo de un cierto número de días, yo velaba hasta el alba, pero ya nunca volví a oír sus pasos en la escalera."

"Las ramas se inclinan sobre las vías. Entonces, tengo la impresión de estar entre el cielo y la tierra, y de escapar de mi vida presente. Ya nada me ata a nada."

"No sabía aún si me quedaría definitivamente en París o si, continuando con el libro que había comenzado acerca de los "poetas y novelistas portuarios", haría un viaje a Buenos Aires en busca del poeta argentino Héctor Pedro Blomberg, cuyos versos habían despertado mi curiosidad:

A Schneider lo mataron una noche
En la pulpería de la Paraguaya.
Tenía los ojos azules
Y la cara muy pálida."


"Mientras durara el verano tendría la impresión de ser solo un turista, pero a comienzos del otoño las calles, la gente y las cosas recobrarían su color cotidiano: gris. Y me preguntaba si aún tenía el valor de fundirme, otra vez, en ese color."

"Mi madre, me hablaba en voz cada vez más alta, lo adivinaba por los movimientos bruscos de sus labios, ya que había entre nosotros un cristal que ahogaba su voz."

"No sentía tristeza alguna sino, por el contrario, cierto alivio. Volvería a empezar desde cero. De esa sombría sucesión de días, los únicos que todavía se destacaban eran aquellos en los que había conocido a Jacqueline y a Van Bever. ¿Por qué ese episodio y no otro? Quizá porque había permanecido inconcluso."

"Y sí la felicidad consistía en esa embriaguez pasajera que experimentaba aquella tarde, por primera vez en mi vida, era feliz."

"Las fachadas de la Rue París, que bordea la vía férrea, parecen oscuras y abandonadas. Antes se sucedían cafés, cines y garajes de los que solo han quedado los letreros.
Uno de ellos está iluminado, como una lámpara en una habitación vacía, para nada."





Fotografía: Le baiser de l´ôtel de ville (the kiss) por Robert Doisneau.



jueves, 12 de marzo de 2015

Las vidas


Ay qué incómoda a veces
te siento
conmigo, vencedor entre los hombres!

Porque no sabes
que conmigo vencieron
miles de rostros que no puedes ver,
miles de pies y pechos que marcharon conmigo,
que no soy,
que no existo,
que sólo soy la frente de los que van conmigo,
que soy más fuerte
porque llevo en mí
no mi pequeña vida
sino todas las vidas,
y ando seguro hacia adelante
porque tengo mil ojos,
golpeo con peso de piedra
porque tengo mil manos
y mi voz se oye en las orillas
de todas las tierras
porque es la voz de todos
los que no hablaron,
de los que no cantaron
y cantan hoy con esta boca
que a ti te besa.


De "Los versos del Capitán" de Pablo Neruda.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Frases: "El coronel no tiene quien le escriba" de Gabriel García Márquez.


"Un grupo de niños penetró por la cerca desportillada. Se sentaron en torno al gallo, a contemplarlo en silencio.
- No miren más a ese animal - dijo el coronel -. Los gallos se gastan de tanto mirarlos."

"Todo el mundo dice que la muerte es una mujer."

"- La ilusión no se come - dijo ella.
 - No se come, pero alimenta - replicó el coronel - . Es algo así como las pastillas"

"Es pecado negociar con las cosas sagradas"

"No tienes el menor sentido de los negocios", dijo. "Cuando se va a vender una cosa hay que poner la misma cara con que se va a comprar."

"- La diabetes es demasiado lenta para acabar con los ricos. La pobreza es el mejor remedio - dijo el médico.
 - Gracias por la receta, pero no la acepto para evitarle a usted la calamidad de ser rico."

"El que espera lo mucho espera lo poco."

"-Qué hay de noticias - preguntó el coronel. El médico le dio varios periódicos.
 -No se sabe - dijo -. Es difícil leer entre líneas lo que permite publicar la censura."

"Lo mejor será que los europeos se vengan para acá y que nosotros nos vayamos para Europa. Así sabrá todo el mundo lo que pasa en su respectivo país."

"Don Sabas llamó a su esposa a través de la puerta que comunicaba la oficina con el resto de la casa.
Luego inició una adolorida explicación de su régimen alimenticio. Extrajo un frasquito del bolsillo de la camisa y puso sobre el escritorio una pastilla blanca del tamaño de un grano de habichuela.
- Es un martirio andar con esto por todas partes - dijo -. Es como cargar la muerte en el bolsillo."

"- Lo único que llega con seguridad es la muerte, coronel."

"Estaba amaneciendo. La ventana se recortaba en la claridad verde del domingo. Pensó que tenía fiebre. Le ardían los ojos y tuvo que hacer un gran esfuerzo para recobrar la lucidez.
- Qué se puede hacer si no se puede vender nada - repitió la mujer.
- Entonces ya será veinte de enero - dijo el coronel, perfectamente consciente - . El veinte por ciento te lo pagan esa misma tarde.
- Si el gallo gana - dijo la mujer -. Pero si pierde. No se te ha ocurrido que el gallo pueda perder.
- Es un gallo que no puede perder.
- Pero supónte que pierda.
- Todavía faltan cuarenta y cinco días para empezar a pensar en eso - dijo el coronel.
La mujer se desesperó.
- Y mientras tanto qué comemos - preguntó, y agarró al coronel por el cuello de franela. Lo sacudió con energía.
- dime, qué comemos.
el coronel necesitó setenta y cinco años - los setenta y cinco años de su vida, minuto a minuto - para llegar a ese instante. Se sintió puro, explícito, invencible, en el momento de responder:
- Mierda."



La noche en la isla


Toda la noche he dormido contigo
junto al mar, en la isla.
Salvaje y dulce eras entre el placer y el sueño,
entre el fuego y el agua.

Tal vez muy tarde
nuestros suelos se unieron
en lo alto o en el fondo,
arriba como ramas que un mismo viento mueve,
abajo como rojas raíces que se tocan.

Tal vez tu sueño
se separó del mío
y por el mar oscuro
me buscaba
como antes,
como aún no existías,
cuando sin divisarte
navegué por tu lado,
y tus ojos buscaban
lo que ahora
- pan, vino, amor y cólera -
te doy a manos llenas
porque tú eres la copa
que esperaba los dones de mi vida.

He dormido contigo
toda la noche mientras
la oscura tierra gira
con vivos y con meurtos,
y al despertar de pronto
en medio de la sombra
mi brazo rodeaba tu cintura.
Ni la noche, ni el sueño
pudieron separarnos.

He dormido contigo
y al despertar tu boca
salida de tu sueño
me dio el sabor de tierra,
de agua marina, de algas,
del fondo de tu vida,
y recibí tu beso
mojado por la aurora
como si me llegara
del mar que nos rodea.



Del libro de poemas "Los versos del Capitán" de Pablo Neruda.