martes, 12 de mayo de 2015

"Eramos tan jóvenes" de P.Smith


Yo no tenía idea de lo que sería la vida en el hotel Chelsea hasta que me mudé ahí, pero enseguida me di cuenta del enorme golpe de suerte que había sido encontrar esa habitación. Con lo que pagábamos nos podríamos haber alquilado un departamento grande cerca de las vías en el East Village, pero hundirse en este hotel excéntrico y maldito daba una sensación de seguridad además de una educación estelar. Una semana o dos después de mudarme allí, pasé a El Quixote. Era un bar-restaurante que quedaba junto al hotel, conectado al lobby por una puerta, lo que lo hacía sentir como nuestro bar, cosa que había sido durante décadas. Dylan Thomas, Terry Southern, Eugene O’Neill y Thomas Wolfe habían estado entre los que levantaron demasiadas copas allí.
Llevaba un largo vestido de rayón estilo marinero con lunares blancos y un sombrero de paja, mi estilo Al este del Paraíso. En la mesa a mi derecha, Janis Joplin atendía a la corte con su banda. Más allá estaban Grace Slick y Jefferson Airplane junto con miembros de Country Joe and The Fish. En la última mesa, de cara a la puerta, estaba Jimi Hendrix, con la cabeza agachada, comiendo con el sombrero puesto, frente a una rubia. Había músicos por todas partes, sentados ante mesas con langostinos en salsa verde, paellas, sangrías y botellas de tequila. Me quedé ahí parada, alucinada, pero no me sentía una intrusa. El Chelsea era mi hogar y El Quixote, mi bar. No había guardias de seguridad, no había sensación de privilegio. Estaban ahí porque tocarían en Woodstock. Grace Slick se puso de pie y pasó a mi lado. Estaba usando un vestido largo, que llegaba al piso, y tenía ojos violeta oscuro como Liz Taylor.
“Hola”, le dije, notando que yo era más alta.
“Hola”, contestó ella.
Cuando subí a mi habitación, sentí una inexplicable sensación de hermandad con esta gente, aunque nunca podría haber predicho que iba a seguir su mismo camino. En ese momento yo todavía era una vendedora de libros de 22 años, medio gangster, que luchaba con algunos poemas incompletos. El Chelsea era como una casa de muñecas en La dimensión desconocida, con cien habitaciones, cada una un pequeño universo. Yo caminaba por los pasillos buscando sus espíritus, muertos o vivos. Mis aventuras eran algo traviesas: empujaba apenas una puerta entreabierta para tener una breve visión del piano de Virgil Thomson, o me quedaba frente a la placa de Arthur C. Clarke, esperando que él emergiera repentinamente. Ocasionalmente me chocaba con Gert Schiff, el académico alemán, armado con volúmenes sobre Picasso, o con Viva en Eau Sauvage. Todos tenían algo que ofrecer y nadie parecía tener mucho dinero. Hasta los exitosos parecían tener el dinero justo para vivir como linyeras extravagantes.
Yo amaba el lugar, su ajada elegancia, y su historia, que guardaba con tanto celo. Había rumores sobre un par de pantalones de Oscar Wilde languideciendo en los sótanos inundados. Aquí había pasado sus últimas horas Dylan Thomas, sumergido en la poesía y el alcohol. Thomas Wolfe se movía entre cientos de páginas de un manuscrito que formaba You Can’t Go Home Again. Bob Dylan había escrito “Sad Eyed Lady of the Lowlands” en nuestro piso y una anfetamínica Edie Sedgwick, se decía, había incendiado su habitación cuando intentaba pegarse sus gruesas pestañas postizas a la luz de las velas.
Tantos habían escrito, conversado y convulsionado en estas habitaciones de casa de muñecas victoriana. Tantas polleras se habían arrastrado por las escaleras de mármol. Tantas almas trascendentes se habían casado, hecho su marca y sucumbido aquí. Yo olía sus espíritus mientras me escurría silenciosamente de piso en piso.
El gran deseo de Robert era penetrar en el mundo que rodeaba a Andy Warhol, aunque no quería ser parte de su elenco estable, ni una estrella en sus películas. Robert solía decir que conocía el juego de Andy y sentía que, si pudiera hablar con él, Andy lo reconocería como un par.
Aunque creía que tenía méritos para una audiencia con Andy, sentía que cualquier tipo de diálogo significativo con él era difícil, porque Andy era como una anguila, perfectamente capaz de resbalarse y escapar de cualquier confrontación importante. Esta misión nos llevó al Triángulo de las Bermudas de la ciudad: Brownie’s, Max’s Kansas City y la Factory, cada uno ubicado a pasos de los otros. La Factory se había mudado de su ubicación original en la calle 47 a 33 Union Square. Brownie’s era un restaurante de comida saludable que quedaba a la vuelta, donde la gente de Warhol almorzaba, y Max era donde pasaban las noches.
Las políticas de Max eran muy similares a la escuela secundaria, excepto que los populares no eran las cheerleaders, ni los jugadores de football, ni la reina de la graduación, sino en la mayoría de los casos un chico vestido de chica que sabía más como ser chica que la mayoría de las chicas.
Max’s Kansas City quedaba en la calle 18 y Park Avenue South. Supuestamente era un restaurante, aunque pocos de nosotros teníamos el dinero para comer ahí. El dueño, Mickey Ruskin, era notoriamente amistoso con los artistas, incluso ofreciendo un buffet a la hora de los cócteles por el precio de una bebida. Se decía que este buffet mantenía con vida a muchos artistas en la lucha y a muchas travestis. Yo no lo frecuentaba porque estaba trabajando y Robert, que no bebía, era demasiado orgulloso para ir. Había un gran cartel que anunciaba que se estaba a punto de entrar a Max’s Kansas City. Era un lugar casual y austero, adornado con piezas de arte abstracto que le habían dado a Mickey artistas con cuentas de bar sobrenaturales. El gran salón ofrecía bifes y langosta. El cuarto de atrás, bañado en luz roja, era el objetivo de Robert, y el blanco definitivo era la legendaria mesa redonda que todavía guardaba el aura color rosa del ausente rey plateado.
En nuestra primera visita sólo llegamos a la primera sección. Nos sentamos en una cabina, compartimos una ensalada y comimos un snack. Robert pidió Coca. Yo tomé un café. El lugar estaba bastante muerto.
Hasta hacía poco se habían sentado a la mesa redonda miembros de la realeza como Bob Dylan, Bob Neuwirth, Nico, Tim Buckley, Janis Joplin, Viva y la Velvet Underground. Era tan oscuramente glamoroso como uno podría desear. Pero corriendo por su arteria primaria, lo que en última instancia aceleraba su mundo y después los derrumbó era la anfetamina. La anfetamina les amplificaba la paranoia, a algunos les robaba sus poderes innatos, les chupaba la confianza, les destrozaba la belleza.
Andy Warhol ya no estaba allí, y tampoco su corte. Andy no salía mucho desde que Valerie Solanas le había disparado, pero también podía ser que, como sucedía con frecuencia, se hubiera aburrido. A pesar de su ausencia, en el otoño de 1969 todavía era el lugar para ir. El cuarto de atrás era el templo para aquellos que quisieran las llaves del segundo reino plateado de Andy, muchas veces descripto como un lugar de comercio más que de arte. No pasó nada en nuestro debut en Max’s y nos fuimos en taxi a casa. Sin embargo, Robert y yo seguimos yendo y eventualmente nos graduamos al cuarto de atrás y nos sentamos en un rincón bajo la escultura fluorescente de Dan Flavin, bañados en luz roja. La portera, Dorothy Dean, se había prendado de Robert y nos dejó entrar. Yo sabía que Max’s era importante para Robert. Me ayudaba tanto con mi propio trabajo que no podía negarme a participar de su ritual nocturno.
Mickey Ruskin nos permitía sentarnos durante horas tomando café y Coca, y rara vez pidiendo otra cosa. Algunas noches estaban totalmente muertas. Caminábamos a casa exhaustos y Robert decía que no íbamos a volver nunca más. Otras noches eran desesperadamente animadas, un cabaret oscuro insuflado de la energía maníaca de Berlín años ’30. Peleas a los gritos hacían erupción entre actrices frustradas y drag queens indignadas. Todos parecían estar haciendo una audición para un fantasma, y el fantasma era Andy Warhol. Yo me preguntaba si a él le importaban, aunque fuera un poco.
Una de esas noches, Danny Fields, el manager de los Ramones, llegó y nos invitó a sentarnos a la mesa redonda. Este simple gesto nos dio una residencia a prueba, lo que era un paso muy importante para Robert. Fue elegante en su respuesta. Inclinó la cabeza y me guió hasta la mesa. No reveló lo mucho que le importaba.

Robert estaba cómodo porque, finalmente, estaba donde quería estar. No puedo decir que yo me sintiera cómoda en absoluto. Las chicas eran lindas pero brutales, quizá porque parecía haber un porcentaje muy bajo de machos interesados. Podía notar que a mí sólo me soportaban, y se sentían atraídas por Robert. El era el blanco de ellas, tanto como el círculo interno era el blanco de él. Me parecía que todos estaban tras él, hombres y mujeres, pero en ese momento Robert estaba motivado por la ambición, no por el sexo.

La parte que más disfruté:


"Los días siguientes fueron de una calma desconcertante. Robert dormía mucho y, cuando se despertaba, me pedía que le leyera mis poemas, sobre todo los que componía para él. Al principio me preocupó que le hubieran herido. Entre sus largos silencios, consideré la posibilidad de que hubiera conocido a alguien.

Reconocí los silencios como señales. Ya habíamos pasado por aquello. Aunque no hablamos de ello, me fui preparando para los cambios que se avecinaban. Robert y yo continuábamos teniendo relaciones íntimas y creo que a los dos nos resultaba difícil hablar las cosas abiertamente. De forma paradójica, él parecía quererme más cerca. Quizás fuera la intimidad previa al final, como un caballero que compra joyas a su amante antes de decirle que su relación se ha acabado. (...)

Comenzamos a hacernos más regalos. Bagatelas que encontrábamos en un rincón polvoriento del escaparate de una tienda de empeños. Objetos que nadie más quería. Cruces de pelo trenzado, deslustrados amuletos, y haikus de amor escritos en cintas y cuero. Nos dejábamos notas, pastelitos. Cosas. Como si pudiéramos taponar el agujero, reconstruir la pared resquebrajada. Llenar la herida que habíamos abierto para permitir la entrada a otras experiencias."




miércoles, 29 de abril de 2015

La "informalidad" de la caverna.



Lo informal no es aleatorio ni arbitrario, sino que se basa en Ia superposición para poner de manifiesto series de certezas cambiantes. Su lógica es contingente respecto de Ias condiciones iniciales. EI caos es considerado como una sucesión de diversos órdenes, bastante diferentes de Ia idea que tenemos de "atrapar" lo arbitrario y Ilamarlo "orden".
Las vueltas que da una cinta de Moebius hacia dentro y hacia fuera son informales. Una cubierta que se convierte en una pared o en un suelo, un suelo que es una piel, donde el límite no significa línea de margen, también lo son. Dos pilares fuera de alineación, uno aliado del otro, de formas y materiales diferentes, también lo son. En vez de medidas regulares y formalmente controladas, Ia variación de los ritmos y los impulsos caprichosos van arraigando, cada opción es considerada como una oportunidad. iUna oportunidad!
EI determinismo clásico de Newton presentaba una fuerza como una flecha recta y auténtica. Llenaba el vacío con una linealidad constante: un anillo fijo de Ia rígida cadena de Ia lógica. Actualmente consideramos una fuerza fija de una manera diferente, como una vía mínima a través de un campo de potenciales. En función de Ias condiciones locales, esta vía puede variar, pero su trayectoria se basa en momentos de mutua cooperación, una yuxtaposición simultánea que dibuja una de Ias vías mínimas.

EN LO INFORMAL NO HAY REGLAS ESTABLECIDAS NI PATRONES FIJADOS QUE PUEDAN SER COPIADOS CIEGAMENTE. SI HAY UN RITMO, ÉSTE ESTÁ EN LAS CONEXIONES ESCONDIDAS, INFERIDAS E IMPLICADAS, PERO QUE NO PUEDEN SER ADVERTIDASCON EVIDENCIA. LAS RESPUESTAS SE BASAN EN LAS RELACIONES ENTRE LOS ACONTECIMIENTOS. LAS SITUACIONES HíBRIDAS SE CONSIDERAN PUNTOS DE PARTIDA VÁLIDOS, Y NUNCA ACCIDENTES FORTUITOS. UN ACONTECIMIENTO AL LADO DE OTRO NO SE CONSIDERA ALGO EXCEPCIONAL, SINO COMO UNA DINÁMICA QUE EMITE UNAS VIBRACIONES ESPECIALES.

Las soluciones estructurales que surgen de lo informal generan en un edificio energías ocultas. La conectividad se improvisa: el equilibrio une Ias partes en instantes ad hoc. Lo informal actúa como un agente de liberación, y Ia arquitectura se desprende de Ias nociones tradicionales de malIa fija y de jauIa. La topografía de estos edificios es totalmente diferente.
Las novedades son Ia intuición racional y un nuevo tipo de estructura.

Cecil Balmond.

martes, 14 de abril de 2015

Rizoma


¡Sé rizoma y no raíz, no plantes nunca! ¡No siembres, penetrá!
¡No seas ni uno ni múltiple, se multiplicidades! ¡Hacé la línea, no el punto! La velocidad transforma el punto en línea. ¡Sean rápidos, incluso sin moverse! Línea de suerte, línea de cadera, línea de fuga.
¡No crees un General en vos! Nada de ideas justas, justo una idea.
Tené ideas cortas. Hacé mapas, y no fotos ni dibujos.
Se la Pantera Rosa, y que tus amores sean como el del la avispa y el de la orquídea, el gato y el mono.
Se dice del viejo hombre de río:
He don’t plant tatos. Don’t plant cotton.
Them that plants them is soon forgotten.
But old man river he just keeps rollin along.
Un rizoma no empieza ni acaba, siempre está en el medio, entre las cosas, inter-ser, intermezzo. El árbol es filiación, pero el rizoma tiene como tejido la conjunción “y…y…y…”. En esta conjunción hay fuerza suficiente para sacudir y desenraizar el verbo ser.
¿Adónde vas? ¿De dónde partís? ¿Adónde querés llegar? Todas estas preguntas son inútiles. Hacer tabla rasa, partir o repartir de cero, buscar un principio o un fundamento, implican una falsa concepción del viaje y del movimiento.
Gilles Deleuze


miércoles, 1 de abril de 2015

"Niveles de vida" de Julian Barnes - Parte 1


"Juntas dos cosas que no se habían juntado antes. Y el mundo cambia. La gente quizá no lo advierta en el momento, pero no importa. el mundo ha cambiado, no obstante."

"y más grande no significaba más seguro: significaba - como demostró el caso de Le Géant -  que se hallaba más a merced del viento."

"Los vuelos en globo representan libertad, pero una libertad supeditada a los antojos del viento y clima. Los aeronautas muchas veces no sabían si se estaban moviendo o permanecían quietos, si ganaban altura o la perdían. En los primeros tiempos, arrojaban un puñado de plumas que volaban hacia arriba si estaban descendiendo y hacia abajo si ascendían."

"Victor Hugo, dijo que un globo aerostático era como una hermosa nube en movimiento, mientras que la humanidad necesitaba un equivalente de ese milagro desafiante de la gravedad: las aves."

"En el principio los pájaros volaban, y Dios creó a los pájaros. Los ángeles volaban, y Dios creó a los ángeles. Los hombres y las mujeres tenían las piernas largas y la espalda lisa, y Dios tuvo sus razones para crearlos así. La pretensión de volar era contravenir los designios de Dios. Habría de ser una larga lucha, llena de leyendas instructivas."

"El combustible secreto del cohete de Simón es, sin embargo, ilícito: cuenta - tanto física como espiritualmente- con la ayuda de demonios. en la media distancia se ve a San Pedro rezando a Dios para pedirle que desposea de su poder a los demonios."Sobre la pintura de Benozzo Gozzoli "Simón el mago".

"Cuando sentí que me alejaba de la tierra, mi reacción no fue de placer, sino de felicidad. Fue un sentimiento moral. Me oía vivir, por decirlo así."

"El aire era ligero y respirarlo delicioso, libre como estaba de las impurezas que enrarecen la atmósfera cerca del globo. Se me ensanchó el ánimo. Era agradable estar por el momento en una región donde no hay cartas ni una estafeta de correos cercana, sin preocupaciones y , sobre todo, sin telegramas."

"A bordo del Doña sol, la divina Sarah está en la gloria. Descubre que por encima de las nubes no hay silencio, sino la sombra del silencio."

"Las inmensidades silenciosas de espacio acogedor y benéfico, donde el hombre no está al alcance de ninguna fuerza humana ni ningún poder maligno, y donde se siente como si viviese por primera vez. En este espacio silencioso, moral, el aeronauta experimenta una salud física y también espiritual. La altitud reduce todas las cosas a sus proporciones relativas, y a la Verdad. Se esfuman las cuitas, los remordimientos, las aversiones: con que facilidad se disipan la indiferencia, el desprecio, la desmemoria...y surge el perdón."

"Victor Hugo creía, lisa y llanamente, que el vuelo más pesado que el aire conduciría a la democracia."

"Contaba que un día en que estaba paseando por la Avenue de l´Observatoire de París con el astrónomo Francois Arago pasó por encima de sus cabezas un globo que había despegado del Champ de Mars. Hugo le había dicho a su acompañante: <Ahí flota el huevo que espera el pájaro. Pero el pájaro está dentro y eclosionará.> Arago tomó las manos de Hugo y respondió, vehemente: <¡y ese día Geo se llamará Demos!> Hugo aprobó esta observación profunda diciendo: <Sí, Geo se convertirá en Demos. El mundo entero será una democracia... El hombre se transformará en pájaro, ¡y qué pájaro! Un pájaro pensante. ¡Un águila con alma!"

"Y quedaba la altitud. Las cosas que Nadar juntó y que nadie había juntado antes eran dos de sus tres emblemas de la modernidad: la fotografía y la aeronáutica."

"La colonización del espacio no purifica a sus colonizadores; lo único que ha ocurrido es que hemos trasladado nuestra condición pecaminosa a una ubicación distinta."

"Quizá el mundo no progresa madurando, sino manteniéndose en un estado de permanente adolescencia, de exultante descubrimiento."

"Creo que a todo el mundo le sorprendió que hubiéramos viajado 386.000 kilómetros para ver la Luna cuando era la Tierra lo que en realidad valía la pena contemplar."

"Mirarnos a nosotros mismos desde lejos, convertir de pronto lo subjetivo en objetivo: esto nos produce una conmoción psíquica."








jueves, 26 de marzo de 2015

Los puestos de la memoria



Caminaba a galope, con destino en el parque Rivadavia. Esperaba de una vez por todas conseguir el libro agotado de Bioy Casares "de las cosas maravillosas". Mientras respiraba el aire acabado de purificar cruzando la verja que demarca la calle Rosario del verde, me alteré al atacarme una pregunta por detrás.¿Cómo puede ser que vaya al parque a comprar un libro? ¿No se estaba discriminando así el aporte arquitectónico de los humildes puestos desbordados de historias? Después de todo, ¿no compraba uno los libros en los puestos y no en el parque? Ni siquiera era necesario pisar el pasto para llegar a ellos. Me sentí inerme.
Para saciar el momento y no sufrir de insomnio luego, me conforme con pensar que no era la responsabilidad de los puestos, sino, que era algo que se daba mediante la aceptación de la sociedad para que estos aporten.
Se me avalanzó una imagen representativa de lo que acababa de dar por hecho: una tregua-pacto entre objeto-sociedad, donde la sociedad es juez y sentencia con una sonrisa de esas que no muestran los dientes.
Quien posee un poco de humanidad, descubre a estos especímenes de martillo que conforman las sociedades: saco, corbata y maletín de preferencia negro, repleto de números.
¿Pero acaso los describí empíricamente? ¡Los pocos humanos que quedan desnudan los ropajes de la sociedad y reducen el sentido de sus ojos para no tropezar!
Por allá a lo lejos, un puestero tensaba soga en mano, una lona azulada para proteger a su guarida del próximo vendaval. Gritaba en tono humorístico pero con aplomo a su vecino harapiento que leía un libro de hojas marcadas : "¡Es culpa de la gente!"
¿De qué hablarían? ¿Qué gente? - pensé. Para salvarme nuevamente y no hacerme más preguntas que atosiguen mi itinerario una voz interior me respondía: "la gente es victima apacible de la sociedad".
Y seguí caminando como si no tuviera ojos, mirando las baldosas, con cierto sosiego al sentirme el héroe que mantenía con vida a tantas historias. Sin saber, pero presintiendo en ese aire que me sentaba liviano, lo que sería en adelante, el mejor día de mi vida.





"Un pedigrí" de Patrick Modiano.


La lectura de Un pedigrí, el breve libro autobiográfico de Patrick Modiano, me ha recordado a  uno de esos paseos confusos y laberínticos que los personajes de sus novelas dan por el París de la época de la ocupación alemana o de la posguerra del último conflicto mundial. El lector se pierde entre nombres de personajes que el niño y el adolescente Modiano frecuentó, por calles y barrios parisinos que sirvieron de escenario a aquellos años en los que se sentía como un perro abandonado y que el escritor, ya cercano a los sesenta, recorre de nuevo en el laberinto de la memoria en busca de su origen, de su identidad. “Soy un perro que hace como que tiene pedigrí”. 

Modiano empieza por el principio, su nacimiento el 30 de julio de 1945, producto de un encuentro fortuito de sus padres entre el vendaval de gentes de diferentes nacionalidades que las guerras habían esparcido por Europa. "Las temporadas de grandes turbulencias traen consigo frecuentemente encuentros aventurados, de tal forma que nunca me he sentido hijo legítimo y, menos aún, heredero de nada”. Su madre, una belga, actriz de tercera fila que Modiano describe así: “Era una chica bonita de corazón seco” y su padre, parisino judío procedente de italianos, que se mueve entre la clandestinidad y el mercado negro, entre identidades falsas y negocios turbios. “Dos mariposas extraviadas e inocentes en una ciudad sin mirada”. Y el escritor prosigue el relato de sus raíces: “Pero qué le voy a hacer, ése es el terruño- o el estiércol- de donde vengo”.

Leo hipnóticamente las páginas del libro, imagino al escritor removiendo papeles, partidas de nacimiento, viejos recortes de periódico, fotografías…que van tirando del hilo de la memoria, bordando fechas en el tejido del relato; el escritor defendiéndose del dolor de la memoria: “Dejando aparte a mi hermano Rudy y su muerte, creo que nada de cuanto cuente aquí me afecta muy hondo. Escribo estas páginas como se levanta acta o como se redacta un curriculum vitae, a título documental y, seguramente, para liquidar de una vez una vida que no era la mía”; el escritor al que se le escapa la poesía de algunos recuerdos entre los listados de los “comparsas” de su padre y los “amigos” de su madre, recuerdos de momentos compartidos con su hermano mientras andaban prestados en casa de cualquiera que los cuidase:”Mi hermano y yo nos quedamos solos casi dos años en Biarritz (…) La mujer que nos cuida es la portera de la finca”, “Todos los jueves vamos mi hermano y yo, a primera hora de la tarde a comprar Tarzán en el quiosco de enfrente de la iglesia. Calor. Estamos solos en la calle. Sombra y sol en la acera. El olor de los aligustres…”, recuerdos de sus estancias en los internados, la disciplina militar, el frío, el hambre, la soledad y el encierro, las frías cartas de su padre y las desconcertantes de su madre. Y luego la adolescencia, la rebeldía, las penurias y la miseria moral a su alrededor. El Patrick adolescente y joven que rememora el escritor maduro intenta página tras página ser tratado como se espera que se trate a un hijo, a veces se pregunta recordándose en determinados ambientes ¿qué hacía allí?, más tarde se enfrenta al padre, sostiene a la madre con el producto de pequeños robos y cambalaches, tiene un conato de detención propiciado por la amante de su padre…lo vemos derivar hacia el filo peligroso de la vida. 


Hay una constante a lo largo del relato de estos primeros años del escritor: sus lecturas. Modiano las va anotando junto a las fechas en que se dieron. El último mohicano, El libro de la Selva, Las minas del rey Salomón, El prisionero de Zenda, más adelante  Fermina Márquez, Solo una mujer, La calle sin nombre, la calle de Le-Chat-qui-Péche, títulos que parecen haber dejado su huella en los de las novelas de Modiano, A puerta cerrada de Sartre en copia mecanografíada que alguien ha dejado a su madre para una posible función teatral, Viaje al fin de la noche, Ilusiones perdidas…

El protagonista de Un pedigrí acaba librándose de un porvenir oscuro gracias a la literatura. Consigue publicar su primera novela por la mediación de Queneau al que había conocido entre los personajes que rodeaban a su madre. El escritor se siente “ligero por primera vez en la vida”, deja de sentirse “continuamente en guardia”. “Había zarpado antes de que se derrumbara el pontón podrido. Por poco”.

La mirada de Modiano a esa etapa primera de su vida, que pretende ser fría y despegada, como la de un notario que levanta acta, se torna compasiva y confusa, también poética, contagiada por las del niño y joven Modiano, nos ayuda a entender su literatura teñida de todo ese poso de aquellos primeros años anómalos. Sus temas, sus ambientes, sus personajes… todos proceden de esa época suya de perro sin pedigrí.





vía: puntoyseguidoescritores.blogspot.com

lunes, 23 de marzo de 2015

Obra completa de Friedrich Nietzsche (descarga en formato digital)


http://holismoplanetario.com/2015/03/22/obra-completa-de-friedrich-nietzsche-en-espanol-41-pdfs-ordenados-cronologicamente-descarga-gratuita/

https://mega.co.nz/#F!bRkX2Bya!eQoZ512Ae65ym7RXoAJ_gQ