jueves, 24 de octubre de 2024

Enrique Lhin

 Monólogo de un padre con su hijo de meses

 
Nada se pierde con vivir, ensaya:
aquí tienes un cuerpo a tu medida
Lo hemos hecho en sombra por amor a las artes de la carne
pero también en serio
pensando en tu visita como en un nuevo juego gozoso y doloroso;
por amor a la vida, por temor a la muerte y a la vida,
por amor a la muerte
para ti o para nadie.

Eres tu cuerpo, tómalo, haznos ver que te gusta como a nosotros este doble regalo que
te hemos hecho y que nos hemos hecho.
Cierto, tan sólo un poco del vergonzante barro original,
la angustia y el placer en un grito de impotencia.
Ni de lejos un pájaro que se abre en la belleza del huevo,
a plena luz, ligero y jubiloso, sólo un hombre:
la fiera vieja del nacimiento, vencida por las moscas, babeante y rebosante.

Pero vive y verás el monstruo que eres con benevolencia
abrir un ojo y otro así de grandes,
encasquetarse el cielo, mirarlo todo como por adentro,
preguntarle a las cosas por sus nombres
reír con lo que ríe,
llorar con lo que llora,
tiranizar a gatos y conejos.

Nada se pierde con vivir, tenemos todo el tiempo del tiempo por delante
para ser el vacío que somos en el fondo.
Y la niñez, escucha:
no hay loco más feliz que un niño cuerdo
ni acierta el sabio como un niño loco.
Todo lo que vivimos lo vivimos ya a los diez años más intesamente;
los deseos entonces se dormían los unos en los otros.
Venía el sueño a cada instante,
el sueño que restablece en todo el perfecto desorden
a rescatarte de tu cuerpo y tu alma;
allí en ese castillo movedizo eras el rey, la reina, tus secuaces, el bufón que se ríe de sí mismo,
los pájaros, las fieras melodiosos.

Para hacer el amor allí estaba tu madre
y el amor era el beso de otro mundo en la frente,
con que se reanima a los enfermos,
una lectura a media voz,
la nostalgia de nadie y nada que nos da la música.

Pero pasan los años por los años y he aquí que eres ya un adolescente.
Bajas del monte como Zaratustra a luchar por el hombre contra el hombre:
grave misión que nadie te encomienda;
en tu familia inspiras desconfianza,
hablas de Dios en un tono sarcástico, llegas a casa al otro día, muerto.
Se dice que enamoras a una vieja, te han visto dando saltos en el aire,
prolongas tus estudios con estudios de los que se resiente tu cabeza.
No hay alegría que te alegre tanto como caer de golpe en la tristeza
ni dolor que te duela tan a fondo como el placer de vivir sin objeto.
Grave edad, hay algunos que se matan porque no pueden soportar la muerte,
quienes se entregan a una causa injusta en su sed sanguinaria de justicia.
Los que más bajo caen son los grandes,
a los pequeños les perdemos el rumbo.
En el amor se traicionan todos,
el amor es el padre de sus vicios.
Si una mujer se enternece contigo le exigirás te siga hasta la tumba,
que abandone en el acto a sus parientes,
que instale en otra parte su negocio.

Pero llega el momento fatalmente en que tu juventud te da la espalda
y por primera vez su rostro inolvidable en tanto huye de ti que la persigues a salto de ojo,
inmóvil, en una silla negra.
Ha llegado el momento de hacer algo parece que te dice todo el mundo
y tu dices que sí, con la cabeza.
En plena decadencia metafísica caminas ahora con una libretita de direcciones en la mano,
impecablemente vestido,
con la modestia de un hombre joven que se abre paso en la vida,
dispuesto a todo.
El esquema que te hiciste de las cosas hace aire y se hunde en el cielo dejándolas a todas en su sitio.
De un tiempo a esta parte te mueves entre ellas como un pez en el agua.
Vives de lo que ganas, ganas lo que mereces, mereces lo que vives:
eres, por fin, un hombre entre los hombres.

Y así llegas a viejo como quien vuelve a su país de origen después de un viaje interminable corto de revivir, largo de relatar,
te espera en tí la muerte, tu esqueleto con los brazos abiertos,
pero tu la rechazas por un instante,
quieres mirarte larga y sucesivamente en el espejo que se pone opaco.
Apoyado en lejanos transeúntes vas y vienes de negro,
al trote,conversando contigo mismo a gritos, como un pájaro.
No hay tiempo que perder, eres el último de tu generación en apagar el sol y convertirte en polvo.

No hay tiempo que perder en este mundo embellecido por su fin tan próximo.
Se te ve en todas parte dando vueltas en torno a cualquier cosa como en éxtasis.
De tus salidas a la calle vuelves con los bolsillos llenos de tesoros absurdos: guijarros, florecillas.
Hasta que un día ya no puedes luchar a muerte con la muerte y te entregas a ella, a un sueño sin salida, más blanco cada vez, sonriendo, sollozando como un niño de pecho.

Nada se pierde con vivir, ensaya: aquí tienes un cuerpo a tu medida,
lo hemos hecho en la sombra por amor a las artes de la carne pero también en serio,
pensando en tu visita
para ti o para nadie

martes, 7 de abril de 2020

sábado, 4 de abril de 2020

viernes, 3 de abril de 2020

domingo, 15 de marzo de 2020

Yo le narré el modo en que don Juan logró hacerme entender en qué consistía la impecabilidad. Atravesábamos un día un barranco de paredes muy empinadas; un enorme peñasco se desprendió de su sostén rocoso y cayó con fuerza formidable al fondo del cañón, a veinte o treinta metros de nosotros. El tamaño de la piedra hizo que su caída resultara impresionante. Dijo que la fuerza que rige nuestros destinos está fuera de nosotros y nada tiene que ver con nuestros actos ni con nuestra voluntad. En ocasiones, esa fuerza nos lleva a detenernos en el camino para inclinarnos a atar los cordones sueltos de los zapatos, como yo acababa de hacer, y ganar así un momento precioso. De seguir adelante, era indudable que el inmenso trozo de roca nos hubiese aplastado. No obstante, otro día, en otro desfiladero, era probable que la misma decisiva fuerza exterior nos obligara a anudarnos los cordones en el preciso lugar sobre el cual descendiera un canto rodado de iguales dimensiones. En ese caso, nos hubiese hecho perder un momento precioso: de continuar caminando, nos habríamos salvado. Don Juan concluyó que, dada mi total falta de control sobre las fuerzas que decidían mi destino, el único acto de libertad posible consistía en atarme los cordones impecablemente.

(Carlos Castaneda "El segundo anillo de poder")

viernes, 6 de marzo de 2020

pienso en mis exs, la secuencia se repite:
nos conocimos, nos enganchamos,
ampliamos el círculo;
de repente, todo
al piso.

Te quedaba lindo el conjuntito rojo.-

martes, 3 de marzo de 2020


es la tercera vez
que la invito a tomar un vino a casa 
esta vez de vuelta me dijo que podría ser
es la tercera vez 
que no me dice que no
no importa cuántas veces sean
importa que no me haya dicho
no
sean una, dos, tres
las que sean,
me dijo que podría ser
y yo le creo
(se que la gente miente
pero les sigo creyendo)
mis amigos me dicen
que tenga un poco de orgullo, un poco de amor propio,
que no la invite más
y que espere, vas a ver cómo viene
el tema está
en que yo no tengo orgullo
y el ego, con el tiempo, se me fue puliendo
habrá sido por los “golpes de odio de Dios”,
como dice Vallejo
o la meditación trascendental
a la cual llegue por medio de David Lynch
o los años, las enfermedades,
el cáncer,
las tantas veces que fui a Chacarita, no lo sé yo,
pero eso a uno lo va acostumbrando, eso a uno
le da temple, lo prepara con carácter y le muestra la fragilidad,
el delgado vidrio del que estamos hechos
es por eso, que seguramente
la invite una cuarta vez a tomar un vino
y me diga nuevamente, que podría ser,
no me repercute, no lo sabe,
sea con ella,
con otras
mujeres
o solo
yo
tomo el vino
ese es el plan no?

domingo, 1 de marzo de 2020

no es la primera vez que me pasa:
también creí que Leo Mattioli gritaba, "hay amor!".

miércoles, 26 de febrero de 2020

la hora mágica

la hora mágica

qué somos? preguntaste
y yo que veo a través de la ventana
el cielo que comienza a tornar
a un rosado y dorado, me pregunto
¿atardece o anochece?
nadie lo sabe, nadie se lo pregunta,
solo miran y dicen, qué belleza,
y pienso que nosotros no nos vemos
a nosotros, pero si el cielo
mirara a través de la ventana
y hablara ahora, diría:
miralos, rosados y dorados.


jueves, 20 de febrero de 2020

hoy hablé con mí amiga josefina
y le dije que me pase su número
que yo no tengo muchas vueltas,
porque no me interesa hoy, ahora
lo que está haciendo, discúlpenme
pero es así, yo primero quiero salir,
ver, saber el andar, mirar gestos,
movimientos, si tiene estilo propio
si es sincera con ella, si se quiere
y para eso, solo alcanza el ver
un hola basta, medio fundamental
pero vos me entendés, un hola basta
y uno se da cuenta de la sinceridad,
pero mí amiga nació con el corazón ortiva
y me dijo, no, no es para vos mauro, son
muy diferentes y que problema hay,
si somos dos personas no somos una
por suerte, pero es grande para vos,
como si para mí hubiese un tema
con la edad de las personas, solo pido
respeto, pido que nos respetemos, nada más
pero es que mauro, vos no entendés que no
no, está en pareja, muy bien, se levantan
cada domingo dichosos y conviven
con sus gatos, que son tres y tienen la casa
con su onda, con todo su arte y sus fotos
desparramadas por las mesas de vidrio,
en las ventanas, las paredes y las puertas
pero a mí no me interesa jose, porque eso
es temporal, leíste a Bauman? vos viste eso?
cuanto duran hoy las relaciones?
en Bauman, en estos tiempos acuosos,
en estos tiempos modernos, hermosos,
hermosos y sinceros, donde nada dura demasiado,
donde todo tiende a tomar otra forma de la que tenía, cambian, las cosas cambian, mutan, se deforman
y las personas también, ellas también
pero yo me muevo, sabés, me muevo
dentro de toda esta gran marea azul
nado como pez en el agua, en este mundo
donde el océano es inmenso, aleteo feliz
como otros muchos peces, pero también querida,
hay tiburones, no sé cuántos pero hay muchos
y en el fondo hay oscuridad, mucha oscuridad
en la profundidad, pero este mar
está lleno de peces, si, que se mueven
y cambian de peces, los intercambian
con la corriente, y yo amiga,
yo nado y espero la suave brisa
que anuncia un temporal.

jueves, 30 de enero de 2020

soy el que no tendrá dónde caerse muerto.

soy el que vivió la vida
y murió la muerte.